La ESI, el cuidado y la ternura
Querida, querido, queride compañere, sé que el contexto está cada vez más complejo, sé que nos atraviesa una sensación o registro de que todos los días el escenario socio-político se pone más difícil para las infancias, las personas con discapacidad, las mujeres, las disidencias y les trabajadores.
Trabajamos en escuelas que en muchos casos son sostenidas con el laburo y voluntad de quienes las hacemos y nuestro laburo está desprestigiado y mal pago.
Pero en este contexto quiero decirte que enseñar ESI hace que ese escenario sea un poco más amable para les docentes y les estudiantes.
Como docente que lleva algunos años enseñando ESI y que enseña a enseñar ESI, quiero decirle a quien dude en este momento que la ESI ha sido en mi vida un regalo, un proyecto y hoy una trinchera. Porque está hecha de cuidados y ternura, y estos adoptan formas particulares, por ejemplo:
El cuidado se vuelve organización colectiva, asambleas, y también un festejo del cumpleaños.
La ternura está en los mensajes, los abrazos, los gestos cariñosos de las compañeras de trabajo, en la selección de un texto, o cualquier otro recurso que pueda ser valioso, conmovedor, movilizante.
Sé que por momentos nos gana el cansancio, el miedo o las dudas, que la dinámica escolar intenta imponernos que siempre hay cosas más importantes que hacerle lugar a la ESI en la enseñanza. Pero te aseguro compa que dejar entrar la ESI a las aulas, las convierte en un lugar infinitamente mejor, más justo, más afectado, más democrático. Buscá alguien con quien construir lazos desde la ESI, armá redes, escriban proyectos, jueguen, enseñen juntes.
Escribo esta carta separada hace dos meses de mi cargo, alejada injustamente de mis aulas, mis estudiantes y mis compañeres, extrañándoles profundamente. Desde este doloroso destierro casi impronunciable, quiero decirte que puedo mantenerme esperanzada porque estoy siendo sostenida por los cuidados y la ternura que con la ESI pude cosechar.
Por eso compa te animo a enseñar ESI…
Te mando un fuerte abrazo, deseando que siempre la esperanza sea más fuerte que nuestros miedos.
Tamara