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El valor de la imaginación colectiva

Se pegan, se empujan, se echan la culpa, se señalan, se gritan.

Entro al salón cada mañana sintiendo que la única alternativa es plantarme con el enojo a flor de piel y marcar límites claros. La frustración y la tristeza me pegan en el cuerpo. Los afiches con acuerdos de convivencia pegados en las paredes de los salones están obsoletos y la estrategia para evitar problemas es desarticular la convivencia con pautas del tipo que los cursos no se crucen, que fulanitx no se siente cerca de menganitx y así.

Lxs docentes renuncian a sus cargos, hay una rotación que el equipo directivo no logra leer en términos de problemática institucional. Siento un cansancio atroz y una soledad inconmensurable dentro de una escuela que no registra las necesidades de nadie.

Llegan dos docentes de grado y una docente de Danza a cubrir cargos vacantes. Esto ya pasó, más de una vez, a lo largo del año. He visto a compañeras llegar con todo el entusiasmo de saber que podrán trabajar todo el año e irse semanas después con el pecho cargado de angustia o explotando de enojo ante la realidad cotidiana. Me acerco a darles la bienvenida, me pongo a disposición, ofrezco un mate, entablo un diálogo que espera ser honesto, pero no desesperanzador. Unas semanas después se da la primera conversación en sala de docentes. Nadie va a renunciar, acá tenemos que construir equipo y desarrollar propuesta. La convicción parte de la necesidad de trabajar, pero también de la certeza de que nuestro trabajo tiene el foco puesto en el presente y la proyección de un futuro posible.

A contrapelo de la burocracia institucional, que centró las intervenciones en el llenado de informes y planillas para elevar a las inspecciones, construimos nuestra propia trinchera entre horas institucionales, grupo de whatsapp, drive compartido y manos sensibles. Nos miramos entre nosotrxs y fuimos construyendo otras miradas sobre ese piberío pasado de maltrato, que necesitaba saber que existen modos más amorosos para caminar los desacuerdos y las incomodidades.

Esta carta no tiene como propósito contar cómo y qué hacer, ni evaluar aquel año que guardo en mi bitácora docente como el año mas duro y caótico de mi carrera. Esta carta es para quienes pretenden enseñar en estos tiempos, para quienes la ESI además de una Ley es una herramienta pedagógica, un enfoque de trabajo y una obligación ética hacia el futuro.

Esta carta tiene como propósito hablar de la importancia de tejer redes entre docentes, de buscarnos y reconocernos, bajar las exigencias y las barreras del deber ser y volver a abrazar las convicciones que nos inspiran.

Saber la potencia de nuestra mirada, reconocer la importancia de cuidar y cuidarnos. Y sobre todo el valor de la imaginación colectiva. Como propone Susy Shock: “Frente al fracaso de todo, soñemos algo distinto”.

Ce Cuervo – Tandil, Pcia. de Bs. As.