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Carta a mis viejitos: comprender, desaprender y amar desde la ESI

Marcia y Julián, mis viejitos:

Les escribo esta carta para contarles cómo la ESI cambió mi manera de pensar. Descubrí y aprendí tantas cosas, y entendí que no es solo aquella educación sexual tradicional que se enseñaba o que al menos predominaba en las aulas, únicamente enfocada en lo biológico o en los genitales, sino una Educación Sexual Integral transversal, que abarca a toda la comunidad educativa, y que reúne la parte jurídica, espiritual y afectiva, lo social y la psicológica. A mí me sirvió para reflexionar, tener una mirada crítica, no juzgar y entender muchas situaciones que viví desde chica.

Justamente, durante mucho tiempo, ver cómo se daban las cosas entre ustedes desde que era muy chica y hasta que me fui de casa me daba mucha tristeza y frustración. Pensaba: «Papá, vos te ibas a trabajar, salías siempre y la dejabas sola a mamá, mientras mamá se pasó directamente toda su vida en la casa cuidándonos a todos nosotros». De chica me daba bronca y, hasta hace un tiempo, veía cómo se repetían situaciones de machismo, estereotipos y prejuicios.

Fuimos creciendo bajo esa división sexual del trabajo y la imposición de roles rígidos de género, esa idea de que el varón es el que trabaja afuera y que, cuando llega, la mujer tiene que servirle la comida, atenderlo y quedarse en la casa solo por el hecho de ser mujer. A la par de esto, también sufrí la presión de los mandatos de feminidad y el control social sobre nuestros cuerpos, a nosotras nunca nos dejaban salir a ningún lado, ni quedarnos en otros lugares, mientras que a ellos se les daba total libertad para salir a cualquier hora y con quien quisieran. El varón siempre tenía el poder y la autonomía, y la mujer la prohibición. Del mismo modo, el orden y “comportarnos como señoritas!”, mientras que a los varones  todo lo contrario.

Mamá mientras hablamos por teléfono escucho que  te pones mal, te duele que tus hijas e hijos no sigan un proyecto lineal o una trayectoria de vida en etapas de estudiar, trabajar, casarse y tener hijos. Pero la vida no es rígida, mamá, ni estática. Los proyectos de vida y las subjetividades son sinuosos, dinámicos, flexibles y cambiantes. No existen etapas obligatorias ni un único camino válido que haya que cumplir de forma lineal. Cada uno de tus hijos e hijas va a elegir algo diferente porque el mundo y los tiempos no son los mismos. No tenés que quedarte con esa estructura del pasado, tenés que intentar cambiar tu propia mirada.

Además, durante mucho tiempo no te podía entender, ¿sabés? Al verte sufrir por cómo se comportaba papá, además por sus comentarios machistas y su trato, yo caía en el error de pensar: «¿Por qué mi mamá quiere seguir sufriendo? ¿Por qué elige quedarse ahí? Pareciera que le gusta sufrir!!!». No lograba comprender la raíz del problema hasta que entré al profesorado y me encontré con la materia Educación Sexual Integral. A través de la ESI entendí la importancia fundamental de que este espacio esté presente en las aulas, en la formación docente y también en el hogar. Si no hubiese estudiado esta materia, jamás habría comprendido que no se trata de que una persona quiera sufrir. Entendí que es el resultado de una construcción sociocultural e histórica profundamente arraigada, estructurada e incorporada en nosotros desde la infancia. Es un sistema de mandatos patriarcales que se termina naturalizando y que hace que romper con esa estructura sea extremadamente complejo.

Entender a la ESI te puede dar esa tranquilidad y esa calma al explicarte por qué las cosas sucedieron así. Pero para que esa calma llegue, lo más importante es que vos misma quieras conocerla, que te des el permiso de reflexionar, de dudar y de cuestionar tus propias ideas preconcebidas. Si vos te inclinas a este camino, vas a estar bien con vos misma y te vas a relacionar mucho mejor con los demás, de lo contrario, si te cierras a que todo debe ser como antes, vas a seguir sufriendo de forma innecesaria. Y esto se los digo a los dos, porque a veces —no sé si sin querer o porque ya lo tienen tan incorporado, tan innato— se dicen frases, comentarios machistas, prejuicios o estereotipos que hacen daño a quien los escucha. Me refiero a juzgar a una mujer porque no se depila, a criticar si usa una pollera corta, o a decir que un varón no puede usar una remera rosa porque «es de puto».

Con la ESI entendí que los juegos, la ropa, los colores y las actitudes no tienen género y que estas exigencias son formas de violencia simbólica. Aprendí que deshacer el género es también una herramienta para construir formas de vida viables, dignas y habitables, y que la vida de cualquier ser humano necesita ser reconocida y respetada en su propia singularidad, sin diferencias, sin rechazos y sin etiquetas. 

La ESI viene a darnos herramientas para reflexionar, desaprender lo que hace daño y construir relaciones de respeto.

Les escribo esta carta porque los amo, porque les deseo de corazón que se den la oportunidad de conocer la ESI, de liberarse de esas estructuras tan rígidas y de entender que aceptar el cambio nos permite vivir en paz y con más amor en familia.

Un besote enorme, enorme, enorme!!

AYE!