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Para la ESI que nos acompaña

Conocí la ESI en una clase virtual de séptimo grado, en plena pandemia. En aquella clase nos hablaron sobre la menstruación y, desde mi lugar de estudiante, esa fue la única clase de ESI como tal que tuve. Aunque haya sido solo una clase, me dejó una marca: “Ojalá esto pase más”.

Al llegar al secundario, creo que comencé a entender que la ESI traspasa la materia en la que muchas veces intentamos encasillarla. Entendí que no es solamente una materia, sino algo que nos atraviesa a cada une como personas.

La ESI nos invita a pensar y a poner en palabras aquello que quizás durante mucho tiempo solo hablamos con nosotres mismes. Nos invita a cuestionarnos, a preguntarnos sobre aquello que no entendemos de nuestros cuerpos y también sobre nuestras relaciones con otras personas. Nos permite poner en duda aquello que muchas veces aprendemos como “natural” y nos da herramientas para conocernos, cuidarnos y respetarnos.

Que la ESI esté presente en las escuelas como un derecho y una política educativa es el resultado de muchos años de lucha. Pero todavía falta bastante. Falta que llegue a todas las escuelas, que pueda ser abordada de manera integral y que deje de ser encasillada únicamente en la educación sexual entendida desde lo biológico.

Ojalá nos sigas atravesando. Ojalá sigas incomodando a aquellas personas que le tienen miedo a la libertad de cuestionarnos y conocernos. Ojalá sigas destruyendo estereotipos. Y, desde lo más profundo de mi ser, ojalá llegues a aquellas personas que tienen miedo; miedo de no ser escuchades, de no ser comprendides, de no encontrar un espacio donde puedan ser quienes son.

Gracias a todas las personas que enseñan ESI, que la sostienen y que hacen posible que siga llegando a más lugares.